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Mostrando entradas de mayo, 2021

Eres y no.

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  Mónica, tu madre, es   también la alteridad, mi Otra siempre, mi espejo a veces. Tan otra es que a veces me sorprendo. Abro los ojos y la encuentro durmiendo a mi lado. ¿Qué hace aquí? Me pregunto. ¿Qué hago yo? ¿Por qué hay una mujer durmiendo junto a mí si es una desconocida, si no lleva mi sangre, si viene de otro lugar, si carga con otra historia? ¿Quién le dio permiso para hacerse sitio en mi vida y expandirse e invadirme cada momento y cada espacio? Extrañamiento. Otredad. Luego olvido ese desconcierto y bajo las defensas y me dejo invadir. Nuestros olores se confunden, nuestras vidas se entretejen. A veces me sorprendo diciendo palabras que decía su padre, tu abuelo, al que yo no conocí: ¡Leler, más que leler! Otras veces repito frases que decía su abuelo materno, tu bisabuelo, como si fueran mías: ningún niño ha aprendido nunca nada en ninguna escuela . Con frecuencia cocino guisos que me enseñó su madre. ¿Quién soy yo con tanto ella? ¿Qué queda de mí? Cuando irru...

Las dos miradas

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  Miramos de tantas formas, miramos a veces sin mirar. Miramos distraídos y a veces detenida, apasionadamente. Contemplación se le llama esa mirada. Miramos protegiéndonos de lo que miramos o abiertos y dejándonos herir por lo mirado. Miramos como desde una pantalla o un escaparate o involucrándonos en lo que miramos, tatuándonos el cuerpo o la conciencia de caminos y mapas que llevan a cien lugares. En un extremo, hay la mirada del comienzo; en el otro, la mirada crepuscular, la de las últimas veces. Esas dos miradas nos intensifican la mirada, nos hacen mirar con atención. Por eso son importantes las primeras veces y son importantes las últimas. Sabemos de las primeras. Cuando hice algo por primera vez. Casi nunca sabemos de las últimas y quizá es mejor que sea así, de otra manera, conforme pasan los años tendríamos una demasiada conciencia de lo que termina, el cuerpo nos pesaría tanto de tantos finales y de tantas despedidas que acabaríamos por hundirnos en la tierra. Y...